jueves, 12 de enero de 2012

Crisis? What crisis?


Ilustración: Manel Fontdevila
Si seguís mi blog, y me consta que muchos lo hacéis ya (¡gracias!), sabréis que no me gusta mostrarme pesimista ni hablar de política. Bastantes problemas hay en el mundo como para que yo me ponga a daros la vara con más mal rollo.
Pero tampoco me parece bien mostrarme del todo ajeno a una realidad que cada vez nos es menos ajena a todos: la dichosa crisis.
Yo soy de los que piensa que esta crisis nos ha llegado prediseñada desde varios despachos sin escrúpulos. Creo que esconde intenciones perversas, y que en realidad es una cortina de humo que no nos deja ver que lo que verdaderamente estamos sufriendo es una tercera guerra mundial, esta vez librada con armas económicas.

Hay muchos frentes, y es difícil resumir en pocas líneas algo tan complejo, pero para empezar lo que falla a mi entender es el sistema legal. La sociedad en la que todos creíamos vivir y esperamos recuperar será imposible sin un sistema legal que no esté controlado por las grandes fortunas, y eso, a tenor de lo que está sucediendo en USA, me parece improbable. La impunidad campa a sus anchas.
Por primera vez en muchos años, debido sobre todo al control de la información, es casi imposible para un ciudadano de a pie saber que es lo que pretenden sus representantes políticos realmente. Han conseguido implementar tal nivel de desinformación, plantar tal distancia con ese “lenguaje inventado” con el que se comunican con el resto de mortales, que parecen haber logrado carta blanca para obrar a su gusto.
La misma creación del Euro es un disparate de proporciones históricas. Faltó que el niño del cuento “El traje nuevo del emperador” (Hans Christian Andersen) les señalase con el dedo y se riese. ¿A quién en su sano juicio se le ocurre empezar la casa por el techo?
A una pandilla de incompetentes y corruptos, sin duda. Pues eso es lo que era la sede de la comunidad europea cuando redactaron las bases de la nueva moneda. Basta con tirar de hemerotecas para saber quienes estaban, donde han terminado, y los muchos chanchullos que se han ido destapando.
El problema es que pese a que se destapan y se juzgan, cada vez son menores las condenas y, por supuesto, del dinero robado nunca se supo.

Aún así, todo el proceso lo estamos viviendo en primera línea a través de los medios de comunicación. Este tipo de noticias están diseñadas para crear un clima de indefensión en la población general. ¿Para qué quejarse si no se va a conseguir nada con ello?
Como también están diseñadas ciertas corrientes “new age”, herramientas muy útiles para crear un efecto placebo en las mentes más inquietas. Ocurre lo mismo con la cultura (me detendré en este ámbito y no citaré otros por no extenderme).

La pintura y la escultura fueron las primeras víctimas. Se pasó de genios a licenciados en menos de 30 años. Hoy en día es impensable que surja un artista sin pasar ciertos filtros institucionalizados, ya sea escuelas de arte (inútiles desde que decidieron adoctrinar y manipular y se olvidaron de que su misión era la de enseñar técnica), subvenciones, o mercantilismo. Hoy para ser pintor o escultor basta un título, y para conseguir una subvención, caerle bien a la señora de algún político.
Todo esto se consiguió construyendo alrededor del arte todo un sistema de crítica y negocio cuya única función era la de rentabilizar los caprichos de una clase adinerada ávida de nuevos modelos de inversión.
Y de paso, se eliminaba un foco de conflicto social.
Con la música ha terminado pasando algo parecido. No me extenderé demasiado, pero basten dos ejemplos: ¿qué es más fácil escuchar en una radio o en tv a todas horas? ¿En serio alguien en su sano juicio en TVE pensó que Chiquilicuatre era un representante digno de la música española?
Desde luego, era una manera de quitarse de encima a cualquiera que pretenda hacer algo de calidad. La calidad no resulta practica a la hora de adoctrinar a una sociedad, entre muchos han conseguido que se premie la mediocridad y el feísmo por encima de el esfuerzo y el talento. Se ha transmitido a través de varios medios de comunicación (hablo de España) que hacer música es tan fácil como sentarse delante de un ordenador y pulsar un botón, y que interpretarla no tiene misterio, pues cualquiera puede hacerse un Singstar de Mecano en casa y quedar divinamente.
“¿Y triunfar? Es como la lotería, lo que menos cuenta es tu talento, lo que cuenta es conseguirlo”.
Cualquiera puede ser artista, parece ser el sentir general. El problema es que cada vez menos lo es nadie. Solo hace falta darse una vuelta por las baldas de los pocos lugares donde aún venden música para darse cuenta de que es una batalla perdida.

Y ahora le toca a la prensa. Ellos, colaboradores iniciales con el desastre, muy a su pesar, han dejado de ser necesarios para el plan. Mejor que la gente no lea, que las noticias se reconviertan en memes sociales o surjan directamente de los dos o tres servidores de noticias principales, de esa forma será más fácil manipular al respetable con una falsa sensación de clandestinidad.
¿Quieres sentir que estás cambiando las cosas? Cómprate una chapita de indignado, sal a la calle en verano con tu iPhone en mano, y quéjate con lemas diseñados para no decir en realidad nada.
Y sobre todo, habla de la crisis en tu muro, pues viene muy bien que estés asustado, de esa manera no te atreverás a quejarte cuando te vuelvan a bajar el sueldo o te quedes en paro.

Yo creo que nuestro problema es que esperamos de ellos, los que manejan los grandes asuntos, que sean responsables, que tengan vocación de servicio, y que en realidad lo que sucede es que uno de ellos descubrió hace tiempo que (metafóricamente) Dios no existe, se lo fue contando a sus amigos, y que desde entonces se dedican a hacernos pedorretas a escondidas desde sus despachos cada vez que aprietan un poco más la soga a nuestro cuello.
Como dicen en mi pueblo: el que venga detrás, que lo arregle.
Y mientras tanto, nos vamos enterando de sueldos descomunales, de primas y repartos, de bancos que reclaman rescates (de dinero de los contribuyentes) para después repartirse el dinero recibido, y curiosamente, cada vez nos da más igual, pues sus ingenieros sociales han hecho un trabajo inmejorable con nosotros.
Es lo que tiene el pensamiento único, el igualitarismo que nos han impuesto: nos han abocado a ser rencorosos con el vecino, a no desearle nada bueno, a sentir rabia por los que no están igual que nosotros, a despreciar el talento (no hablemos de la investigación, pobrecillos), y a quejarnos con una pataleta, como los niños, pero sin estropear los muebles. Les interesa que nos dominen impulsos infantiles, pues saben que con una nueva distracción, la pataleta se nos pasará y olvidaremos.
Y no mires por encima de la masa que te rodea. Esos que se lo están llevando calentito son inalcanzables para ti, invisibles si te quieres dar cuenta. ¿Sabías que España es el noveno país con más millonarios? ¿Cómo se hace un millonario? ¿Porqué no salen ellos en televisión?
¿Y China? ¿Sabes cuantos millonarios hay allí? ¿Y cuantos esclavos? ¿no te has planteado que cada vez que consumes algo producido allí destruyes tejido industrial occidental?
Si jugasen con las mismas reglas, yo no diría nada, pero no lo hacen. Es muy fácil reventar mercados cuando tu mano de obra es lo menos costoso de tu cadena de producción, y a cambio de oscuros favores consigues no tributar al fisco como cualquier hijo de vecino.

Como dijo John Rawlings Rees en 1945, “las guerras no se ganan matando al adversario, si no minando o destruyendo su moral y conservando la propia”.
Esta “crisis” la están ganando porque han conseguido que las personas en general no sepan en que posición se encuentran ni que pueden esperar.

Si te interesan los resortes del lavado de cerebro y la manipulación de masas, te recomiendo un libro que salió el pasado noviembre, “El Instituto Tavistock” de Daniel Estulin (2011, Ediciones B). En él podrás encontrar párrafos como este:
“Por ejemplo, en un ambiente de disminución en espiral de los ingresos económicos y de las condiciones de trabajo, se “sugiere” como meta del grupo un aumento cada vez mayor de la productividad, con frecuencia a expensas de la seguridad y el bienestar psicológico de los miembros del grupo. A quién proteste, se le dice que no se ha adaptado bien…”
¿Resulta familiar?
Espera unos meses, a cuando se liberen los horarios comerciales…

¿Dónde está el límite?
¿Qué podemos hacer realmente nosotros?
No lo se. Pero algo hay que hacer para reclamar un sistema más equitativo y una responsabilidad sobre la gestión de nuestra riqueza a quienes hemos elegido para que lo hagan.
Porque la hemos generado entre todos, no nos engañemos.
Al fin y al cabo, lo único que realmente le está pidiendo la gente a sus políticos es trabajar, tener un sueldo apropiado y una vivienda digna.
Nunca se me olvidará que cuando estalló el escándalo en el ayuntamiento de Marbella fue porque habían robado tanto entre todos que no quedó para pagar a las empresas de limpieza.
¿Habrán cobrado ya?

Si mañana en la portada de varios periódicos e informativos apareciese durante dos días “La crisis terminó” en sus titulares, la bolsa subiría. Si en vez de mirar con miedo al futuro te propusieses emprender una idea, encontrarías tu oportunidad. Si siembras optimismo recogerás buenas noticias.
Toda crisis parte de un principio de percepción. La economía se contrae por miedo al futuro incierto. De ahí el poder (resumiendo mucho) de las agencias de calificación.
Pero lo que cuenta es cómo estás tu.
Pues a ellos parece importarles un rábano.
Y eso es precisamente lo que a mi más me preocupa. 
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