viernes, 16 de noviembre de 2007

Un gofre!


Tengo otra de esas semanas en las que no puedo sacar mucho tiempo para estar por aquí. Mi trabajo es así, unas veces te pasas los días mirando las musarañas y perfeccionando el arte de la cocina, y otros de pronto no levantas la cabeza del piano así te pongan delante un gofre de chocolate.

Por cierto que romperé una norma y contaré una anécdota relacionada con mi trabajo... y los gofres.

Hace unos once años por estas fechas me enganché irremediablemente a los gofres con chocolate caliente por encima. La culpa la tuvo una (entonces casi desconocida en España) cantante de Figueres, que descubrió la carita de felicidad que se me ponía cuando cada mañana al despertarme e ir a desayunar me encontraba con ellos en la mesa jejeje.
Yo que hasta aquel año toda mi vida había sido delgado e incluso anémico a veces (que si... no seáis pesados), me puse por primera vez como una vaca en pocos meses. Por los gofres, y porque mi amiga descubrió los placeres de la repostería, y cuanto le distraía cocinarla mientras otros nos dedicábamos a dar lustre y esplendor a sus canciones.
Cada tarde una tarta diferente asomaba por la ventana del mini estudio montado en el apartamento, y cada tarde yo sucumbía a la tentación de probar "un trocito" de la nueva receta que había descubierto para mi.
Porque finalmente, eran para mi, pues era el único que no estaba preocupado por su cintura jejeje, y como público fiel, no dejé de disfrutar de cada uno de aquellos momentos.

Después vinieron otros momentos, de los que también disfruté, y aquella época terminó por convertirse en algo muy especial en mi vida, uno de esos capítulos sin los que una biografía no tendría color, ni fantasía en el pelo, jeje.
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