martes, 2 de julio de 2013

La Niña - Un relato breve

Hola,
éste es uno de los relatos que dejé inacabados cuando por problemas de salud tuve que dejar de leer y escribir el verano de 2012. Ya bastante más recuperado me puse esta tarde a desempolvarlos y aquí tenéis el primero. No lo repaso más pues la cabeza se me empieza a cargar cuando escribo mucho rato, pero os podéis hacer una idea. La semana que viene más. 
¡Saludos!


La Niña

Un tambor sonó y, estremecido, no pudo evitar moverse.
Cuando uno nuevo retumbó en su mente, el calor invadió sus piernas.

El ritmo comenzó a fluir cual plasma vivo por sus venas, y un tamborileo involuntario surgió de sus dedos.
Era irresistible, necesitaba dejarse llevar.

Empezó por levantar una mano, y después la otra, sin hacerles mucho caso.
Una floritura se formó en el aire, como humo robado de un cigarro. Y después otra, y sin darse cuenta, la mágia de aquel ritmo se hizo con su voluntad.
Sin saber como, estaba bailando, dejándose llevar por aquel embrujo.

Pero alguien no muy lejos de allí si sabía lo que estaba pasando.
Bailaba para olvidar que el mundo se había vuelto un lugar solitario, lo hacía porque era lo único que le serenaba cuando estaba a solas.
Bailaba con la esperanza de que alguien bailase a su lado, pero no sabía que, muy cerca, ya había alguien bailando a su son.
Y un día se encontraron, no por casualidad.


Subían por unas escaleras mecánicas. Por costumbre empezaron a marcar inconscientemente el ritmo con sus dedos, siguiéndose cual sombra sin reparar en tal coincidencia.
Pero alguien lo esperaba, y decidió seguirles.
“Me encanta como te mueves, no te conozco, pero tenía que decírtelo”. - Imaginó que se decían al cruzarse con ellos.
Después se acercó detuvo frente a un espejo, y viéndoles en su reflejo recitó: “no te conozco, pero te necesito en mi vida”.
Los del espejo se detuvieron perplejos y miraron a un lado y al otro. “Cualquiera diría que me escucharon...” se dijo riendo para sus adentros la niña mientras les veía salir.
Pero la providencia quiso que se cruzasen en la puerta, y que sus miradas de sorpresa y alborozo se encontrasen.
Se miraron, se rieron, y sin saber como se contaron que se habían cruzado con una niña.

Años después, en sus votos, se acordaron de aquella niña.
Mientras tanto, ella les observaba desde la distancia satisfecha, pues siempre disfrutaba de un trabajo bien hecho.


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